Para poder «esperar» algo de la clase trabajadora, se la idealizó hasta extremos de grotesco fideísmo, convirtiendo al obrero en una abstracción, depósito vacío colmado con destilaciones entusiásticas de romanticismo y metafísica. Quienes así procedían, hallábanse asimismo poseídos por la esperanza, y muy pocas veces pertenecían a esa órbita del trabajo físico magnificada como redentoraSeguir leyendo «Oprobio de toda Fe (La religión del «obrerismo»)»